Los cartagineses se acercaron a la isla de Cerdeña mientras que las otras civilizaciones se enfrentaban para el control de los territorios del Mediterráneo.
En el siglo VI a.C., los cartagineses que se encuentran en la parte septentrional de África querían ampliar el control del mar con los griegos. De consecuencia, cuando estos últimos crearon una pequeña colonia en Córcega, los cartagineses aceptaron rápidamente la petición de ayuda fenicia para domar las subvenciones rebeldes del pueblo nurágico y aumentar las fuerzas de la amenaza romana.
La República de Roma, para obtener el dominio del Mediterráneo, se encontraba bloqueada por vía de la presencia de los cartagineses y griegos.
Tras la victoria contra el pueblo helénico el año 241 a.C., Roma decidió focalizar su atención en la isla ocupada por los cartagineses. Su ejército llegó a Cerdeña victorioso frente a la derrota de Cartago en la I Guerra Púnica (durante los años 264 - 241 a.C.). Pero no había previsto la potencia que formaba la alianza fenicios-cartagineses.
En el año 215 a.C., algunos miembros de varias tribus sardas bajo el mando de Ampsicora, un jefe militar, se unieron al bando cartaginés durante la ll Guerra Púnica, rebelándose contra el control romano. Sin embargo, su oposición fue una acción efímera ya que el año sucesivo subieron un enorme fracaso en la segunda batalla de Cornos.
Se produjo una fuerte disminución de la población, en el año 177 a. C murieron más de 11 500 sardos y alrededor de 50 000 llegaron a Roma para trabajar o ser vendidos como esclavos. Sucesivamente obtuvieron la posibilidad de aprender el latín y recibir la ciudadanía, aunque Cerdeña siguió siendo explotada. Esto impidió un posible mejoramiento y desarrollo de la isla.
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