Durante el siglo IX los árabes se afirmaron como los nuevos dueños del Mediterráneo. Tenían el control sobre el suelo siciliano, casi todo el territorio español y el norte del continente africano. Con su expansión seguían aumentando su fuerza y sus tierras. Fueron atraídos por los recursos que presentaba Cerdeña y durante los siglos lX y X intentó entrar en la isla.
Hacia el siglo Xl disminuyó la potencia musulmana; los cristianos empezaron a ver una posibilidad de realizar sus planes ambiciosos. Así que en el año 1015 el papa Benedicto VIII pidió a las repúblicas de Génova y Pisa su apoyo para proteger las costas sardas de los árabes.
Los monarcas de las respectivas ciudades vieron en esa petición de ayuda una gran oportunidad para elevar su importancia y fuerza.
En aquella época Cerdeña estaba separada en cuatros provincias autónomas, los "giudicati", visto que durante los siglos Xl - XIV fue un territorio codiciado entre las diversas fuerzas presentes en la península.
Al principio, se decidió que los pisanos tenían que ocupar y controlar la parte septentrional, mientras que los genoveses se ocupaban del sur.
No obstante, la presencia de unas rivalidades ese período se reveló muy próspero para la isla: se adaptó a las costumbres medievales difusas en toda Europa y recibió por parte de los grandes monasterios la enseñanza de la fe cristiana. En el norte los pisanos decidieron construir iglesias que simbolizaron la importancia de ese período.
No hay comentarios:
Publicar un comentario