Cerdeña, por su posición estratégica, sus tierras fértiles y sus ricos recursos como
el plomo y la plata se convirtió en territorio de conquista para muchas grandes potencias
que navegaban por el Mediterráneo.
Los fenicios, hábiles marineros, fueron los primeros en llegar. Querían acercarse a la isla para utilizarla como puerto y lugar de paso entre una expedición y otra. En ese momento ya tenían el control sobre sus colonias en Malta, Chipre, Córcega y Sicilia. Así que Cerdeña, rodeada por esas tierras, era su próxima conquista. No se sabe con exactitud en que año entraron en la isla, pero gracias a la presencia de unas inscripciones se piensa que llegaron en el año 1100 a.C.
Inicialmente convivían pacíficamente con la civilización nurágica: decidieron instalarse con sus asentamientos en las zonas costeras. Pero empezaron su avance en el interior, se enfrentaron con sus vecinos para tomar el control de las minas.
En el año 650 a.C., después de unos conflictos, los fenicios edificaron su primera fortaleza en las zonas interiores en el monte Sirai. En los años siguientes el pueblo nurágico atacó muchos de sus asentamientos.
En esa situación precaria, los fenicios decidieron pedir el apoyo y la ayuda de los cartagineses para conquistar más terreno posible; Sabían que la zona prevalentemente montañosa de la que hoy llamamos Barbagia era demasiado difícil de gestionar.
En la actualidad, gracias a algunas excavaciones, es posible observar en la isla restos:
- del puerto de Tharros, realizado por los fenicios en el año 730 a.C.
- de la necrópolis y su tophet (un cementerio/ santuario en el cual fenicios y cartagineses solían enterrar los neonatos que nacían muertos), en el centro histórico de Sant’Antioco, en la parte sur de Cerdeña.
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